«Si lo nombras, lo controlas». La neurociencia avala esta máxima. Las personas que saben distinguir y ser sutiles a la hora de describir sus estados emocionales regulan mejor sus emociones.

Etiquetar la emoción nos obliga a previamente a haber realizado el trabajo de reconocimiento y comprensión de lo que estamos sintiendo. No es lo mismo estar enfadado, que furioso, frustrado, irritado o tenso. Cada emoción responde a un porqué, frente a situaciones diferentes sentimos diferente. Frente a situaciones diferentes y nuestra forma de interpretar y leer el mundo sentiremos una emoción u otra. El no etiquetar nos ofrece el beneficio secundario (consciente o inconsciente) de no  conectar con muestro mundo interior. De no sentirnos vulnerables. La paradoja es que al actuar así nos volvemos más pobres emocionalmente y eso se traduce en un menor manejo de recursos para afrontar retos y dificultades y menos recursos para procurarnos bienestar emocional.

Etiquetar, ser ricos verbalmente (granularidad emocional: expresar sentimientos con un alto grado de complejidad) en el momento de describir nuestro mundo interior y emocional, nos ayuda a lo que se denomina regulación emocional incidental, sin querer únicamente diciendo siento terror, miedo, ansiedad, angustia, se reduce el nivel de malestar.

Hay estudios que demuestran que el etiquetado reduce la activación de la amigdala y aumenta la activación de la corteza prefrontal, sede de la regulación emocional.

Habla, habla y habla. Hablar de si estoy asustado, aprensivo, aterrado, inquieto, nos ayuda. Tenemos más de medio camino recorrido para sentirnos más calmados, ilusionados, esperanzados.

Según Marc Brackett, creador del metodo RULER, al etiquetar nuestras emociones conseguimos legitimar y organizar nuestras experiencias, ayudar a otros a conocer nuestras necesidades, conocer las necesidades de los demás y vincularnos con el resto del mundo.

Pero el tema no acaba aquí, acostumbramos a que nuestro vocabulario emocional esté compuesto en un 50% de emociones negativas, un 30% de emociones positivas y un 20% de emociones neutras. ¿Cómo piensas qué puedes sentirte? Nuestro cerebro está diseñado para protegernos, esa es una explicación de nuestra mayor atención a las emociones negativas, le damos más importancia a los estados emocionales desagradables que a los agradables. No quemamos glucosa para analizar porqué nos sentimos así de bien. Las emociones negativas las experimentamos con mayor profundidad. Somos un chollo.

Te invito a que hagas una lista de emociones, calcula el porcentaje de emociones positivas y negativas. Te harás un idea de como describes tu mundo.

Conoces la palabra «Kvell?  Es una palabra yidis. Es una emoción. Búscala. Seguro que la has sentido muchas veces. Es una delicia.

Feliz semana jovial, inspirada, dichosa, exultante y animada.