La meditación nos ofrece regalos. Regalos sorpresa envueltos en papel. Hoy medito atendiendo a los sonidos. Y descubro que el silencio de la nada no existe. Los ruidos están gracias al silencio. Se sobreponen al él. Unos encima de otros. Afino el oído, oigo todos los sonidos, cercanos, lejanos, suaves, ásperos, estridentes. Pueden expresarse gracias a la generodidad del silencio… Y me descubro silencio.

Porqué yo también soy silencio, mi esencia es como el silencio y mis emociones, sensaciones y pensamientos los sonidos. Los contemplo, sensaciones acogedoras, sentimientos intensos y emociones delicadas y firmes.

Gracias por descubrirme en el silencio. Gracias por mostrar mi esencia.

La esencia es única, la notas.

Los ruidos no la pueden secuestrar.

Sólo puedes sentir que la enturbian pero si te concentras en ella, las nubes se van…